Evolución
Regresa el calor. Las cucarachas salen de sus coladeras. Oaxaca es un lugar de cucarachas. Durante los meses de invierno se vuelven discretas y bien educadas, pero en el calor son cínicas y ávidas. A pisotones, gises chinos y otros rituales mágicos tratamos de ahuyentarlas. Nostálgicas, recuerdan el tiempo en que eran tan grandes que nos hubieran hecho correr de sólo verlas. Algunos tratan de intimidarlas gritándoles insultos en cuanto las ven. No son delicadas y hacen como que no se enteran. Si los millones de años que tienen en el planeta fueran dinero fundarían bancos chupasangre. Hablarán dobladas de la risa de nosotros cuando nos hallamos ido, pero extrañarán el menú variado y fácil.
18.4.09
17.4.09
Día 285. (170409)
Hordas civilizadas
Sin comprender caminan, toman fotos, compran cosas, se admiran. Sonríen y saludan a tantos como pueden por las calles. El sol los tuesta, si se descuidan. No importa: persisten. No hay nada más persistente que un turista entusiasta, sin cosa otra por hacer más que ver de todo. Estar en todo. Probar todo. No lo consiguen, pero no se frustran. Como hormigas van, pasan incomodidades y hacen esfuerzos que no acostumbran. Importunan a la gente con su entusiasmo etnográfico por la fotografía. Agradecen un rato de aire acondicionado en algún momento. No conformes, en las noches salen a los antros, bailan, se emborrachan con prisa y sin estilo —no están en su casa—. Se atreven. Comen chile y sufren. Dejan su dinero y regresan a sus países para recibir instrucciones de cómo seguir viviendo. Se ponen a ver sus fotos. Me simpatizan los turistas.
Sin comprender caminan, toman fotos, compran cosas, se admiran. Sonríen y saludan a tantos como pueden por las calles. El sol los tuesta, si se descuidan. No importa: persisten. No hay nada más persistente que un turista entusiasta, sin cosa otra por hacer más que ver de todo. Estar en todo. Probar todo. No lo consiguen, pero no se frustran. Como hormigas van, pasan incomodidades y hacen esfuerzos que no acostumbran. Importunan a la gente con su entusiasmo etnográfico por la fotografía. Agradecen un rato de aire acondicionado en algún momento. No conformes, en las noches salen a los antros, bailan, se emborrachan con prisa y sin estilo —no están en su casa—. Se atreven. Comen chile y sufren. Dejan su dinero y regresan a sus países para recibir instrucciones de cómo seguir viviendo. Se ponen a ver sus fotos. Me simpatizan los turistas.
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