Andanzas
La nueva Alameda de León a muchos no les gusta. A lo mejor es porque dicen que estas obras públicas le son concedidas al hermano del gobernador. Quién sabe. A mí me gusta lo primero y me parece malo lo segundo, si es que es cierto. Los restaurantes alrededor también han cambiado: tienen aire de escaparates turísticos. No todos. El Bar Jardín se mantiene idéntico a sí mismo y creo que el Asador Vasco también. Había un Restaurante del Tule en el piso de arriba, en donde ahora está La Casa de la Abuela, que era parte de un Oaxaca en donde aún estaba algo de los días en que Malcolm Lowry pasaba por aquí. Su fantasma displicente ya no anda por estos lados, es cierto. Se mantiene a distancia en las inmediaciones de La Farola, que también ha sido transformada, y tanto, que ni siquiera se asoma por ahí. Por suerte quedan mezcalerías y fondas que le son propicias, y es en donde todavía, con un poco de suerte, puede vérsele por las noches. Nunca falla el dos de noviembre, entre otras cosas porque, a su manera, celebra “bajo el volcán”, aunque sería mejor decir Bajo el Volcán. Habla español, así que es fácil conversar con él, y mucho más andando enmezcalado.
24.11.08
23.11.08
Día 140. (231108)
Doble fraude
Aparte de su función decorativa, los autoelogios de un informe de gobierno sirven para no sentir el efecto de los temblores y otros fenómenos.
Su objetivo no es la verdad, sino la disolución de la realidad. Sin embargo, queriendo no mostrar, son tan transparentes como una radiografía. Todos sabemos interpretarlos: sustituimos los adjetivos pomposos y los sustantivos indecorosos por sus contrarios.
¿Las cifras? Las cifras sólo muestran la parte de nuestros impuestos que nos dejan ver.
El problema no es que no lo sepamos, sino la clase de personas en que nos hemos convertido por tolerar esto y más. Lo bueno es que tenemos suficientes entretenimientos como para creer que lo que vivimos no es asunto nuestro.
Aparte de su función decorativa, los autoelogios de un informe de gobierno sirven para no sentir el efecto de los temblores y otros fenómenos.
Su objetivo no es la verdad, sino la disolución de la realidad. Sin embargo, queriendo no mostrar, son tan transparentes como una radiografía. Todos sabemos interpretarlos: sustituimos los adjetivos pomposos y los sustantivos indecorosos por sus contrarios.
¿Las cifras? Las cifras sólo muestran la parte de nuestros impuestos que nos dejan ver.
El problema no es que no lo sepamos, sino la clase de personas en que nos hemos convertido por tolerar esto y más. Lo bueno es que tenemos suficientes entretenimientos como para creer que lo que vivimos no es asunto nuestro.
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