Incomprensión
Estaba esa casa con puerta de cochera de lámina corroída en donde siempre que alguien tocaba, el gato, desde el otro lado, llegaba a toda velocidad, se azotaba, y comenzaba a maullar con desesperación para —según él— asustar a los visitantes; que sin embargo, ya que entraban, acababan mimándolo hasta dejarlo sumergido en el sopor de sus propio ronroneo.
8.2.09
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