16.5.09

Día 314. (160509)

La otra mujer en llamas

Siempre fue una chica de sangre de caliente, pero su temperatura siguió elevándose hasta que resultó insoportable para los demás mantenerse cerca de ella. Debía platicar a distancia y tenía problemas con los frágiles aparatos tecnológicos que se le fundían de plano entre los dedos. Pese a su tan elevada temperatura le era imposible hacer el amor a riesgo de derretir a su pareja. Un día comenzaron a arder las cosas a su alrededor. En la estación de bomberos le dieron un tratamiento antipirotécnico intensivo pero sólo le sirvió mientras estuvo ahí, bajo el efecto de los químicos y los chorros de agua a presión. Encontró trabajo en una alberca pública pues ahorraban el combustible de la caldera, pero llego un momento en que el agua de la alberca, que era olímpica, comenzaba a hervir después de media hora. Pese a ser un riesgo para el calentamiento global decidieron remolcarla por el mar, hasta aguas polares. Ni el temible tiburón blanco osaba acercársele. Las medusas se derretían como copos de nieve en un sartén. Era imprescindible no detenerse, pues de ser así el agua hirviente ponía en peligro a la fauna y a la flora marinas del lugar. Al final los maravillosos icebergs la contuvieron. Parece haber regresado a una casi normalidad. Vive en algún lugar de Islandia, o de Laponia, aunque eso sí, duerme a la intemperie y sin pijama.

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